
Pensando en el amor…
octubre 28, 2020
Viernes de Libertad
noviembre 25, 2020He estado pensando mucho en gracia. Para mí, la gracia es un concepto que surge tranquilamente de vez en cuando. Me hace preguntarme si es algo alcanzable o si ya es parte de mí, pero que no puedo verlo. Existe la gracia que uno ve en alguien que tiene una manera de llevar su día. Tienen gracia en sus modales, interacciones, en el fluir de sus actividades. Parecen pausados, tranquilos, competentes y encantadores. Por supuesto, también visten impecablemente. La mayoría de las veces, esto se siente muy alejado de mi realidad. También he sido testigo de la gracia de alguien que ha sufrido una pérdida significativa y la lleva con paz y dignidad. Pero al pensar y leer sobre la gracia, descubrí que también tiene muchas otras facetas. Existe la gracia del humor en circunstancias muy difíciles. La gracia de un extraño compartiendo un paraguas bajo una lluvia torrencial. La gracia de un amigo o hermano comprensivo que lo recoja con una sonrisa en el aeropuerto a las 3:00 am. Este otro tipo de gracia es igualmente valioso y siempre accesible para nosotros.
¿Qué es la gracia?
Una de las muchas definiciones de gracia, es que es, el regalo inmerecido de aceptación, bondad, cortesía, amor, cuidado y perdón por nuestros semejantes, así como por nosotros mismos. Es un acto de bondad amorosa incondicional, que todos y cada uno de nosotros podemos conceder. Mostrar gracia a otro es abrirle un espacio de sosiego. Considerar lo que otra persona necesita y no imponerle juicio ni deuda. Es empatizar con los demás sin exigirles que cumplan con criterios, juicios o críticas. Es un corazón abierto que permite que la bondad pura emane de uno a otro.
La gracia es más necesitada y mejor entendida en medio de problemas, dolor e incluso quebrantamiento. Mostrar gracia a los demás es cuestión de tratarlos con amabilidad, sin juzgar si es merecido o no. Todos necesitamos gracia en algún momento u otro. Sólo se presenta como un regalo, y cuando lo recibimos, podemos o no darnos cuenta de cuánto lo necesitábamos. Pero no deja de ser un regalo.
Podríamos pensar que el don de la gracia es escaso. Sin embargo, cuando miramos de cerca, encontramos que hay evidencia de ello a lo largo de nuestros días. Abrir la puerta a alguien que necesite ayuda, pasar un sábado recogiendo basura en la playa o vigilando que las tortugas aniden de forma segura. Ser cortés cuando un miembro de la familia está malhumorado y proceder a ayudarlo, haciendo una llamada telefónica a ese amigo que está pasando por un momento difícil. Ayudar a una persona mayor poniendo una caja de agua en su carrito de compras. Ambos sonriendo detrás de sus máscaras y a dos metros de distancia. Todos estos son regalos de bondad por amor a la bondad. La gracia abre nuestros corazones, ya sea como dadores o receptores de ella. Dentro de la gracia, reconocemos que todos y todo está conectado y es sagrado.
¿Qué puede hacer la gracia?
Gracia fundamenta y empodera la vida debido a este reconocimiento y respeto hacia todo y todos. Sentimos nuestra humildad de compartir el mundo con árboles, humanos y tortugas.
La gracia nos da tanto fuerza como alivio cuando sentimos su gentileza. La bondad nunca ha dejado de ser una superpotencia.
La gracia da evidencia de esperanza de la humanidad y a la humanidad.
A través de la gracia, aceptamos y reconocemos la valiosa existencia de los demás. Todos necesitamos sentirnos aceptados, tener bondad incondicional, ser reconocidos (de ser vistos) como somos. No hay mejor buena voluntad que la gracia de ser reconocidos y recibidos en nuestro espacio compartido. Gracia es acoger a alguien, como es, para que habite en nuestro mundo.
La gracia puede ser de gran ayuda para repararnos a nosotros y a los demás. Perdonemos, incluso si no lo piden; convierte el dolor en alegría con humor; el agravio en paz y el problema en bendición.
La gracia nos da la fuerza para girar en una mejor dirección. Ya sea por la gracia celestial o humana, ella te encuentra donde estás y te lleva a donde necesitas estar. Tiene el poder de transformarte en el centro de tu ser, llevándote a un lugar mejor.
La gracia puede restablecernos si nos hemos destruido.
¿Cómo podemos invitar gracia a nuestro día?
Podemos invitarla aceptando la gracia para nosotros mismos. Batallamos entre la persona que somos y la persona que desearíamos ser siempre. Nuestro desafío es liberar la convicción de que la aceptación de nuestras imperfecciones es imposible. Debemos aceptarnos amorosamente como somos. El regalo de gracia de la vida para con nosotros es el siguiente: no hay necesidad de cuestionar si somos dignos o no. Estamos aquí y eso es suficiente. Con humildad, reconocemos que a todos los demás también se les ha conferido esta gracia.
Compartiendo gracia con los demás
Podemos comenzar por encontrar formas de hablar conscientemente todos los días con gentileza. Para eliminar o mantenernos alejado de las expresiones bruscas y mezquinas. Más allá de usar palabras amables con quienes te rodean, sé consciente del mensaje que estás expresando, uno de buena voluntad o juicio; información o chismes; fortaleza o desesperación; edificante o desinflador. ¿Están nuestras palabras llenas de gracia?
Muestra un interés genuino en quien te esté hablando. Estar presente es prestar toda tu atención. Responde a las preguntas cuando la gente te pregunte sobre tí, haz algunas preguntas propias y presta atención a su respuesta. Todo el mundo quiere sentirse visto; dale a otros ese reconocimiento. Esto se aplica tanto a los que acabamos de conocer como a los que conocemos desde siempre. Tu presencia completa es un regalo.
Podemos dar el don de la gracia a los demás en forma de reconocimiento (como en que te veo), bondad, aceptación, presencia, amor, perdón, comprensión, paciencia, actos de abnegación, buena voluntad, respeto y tantos otros. Todos tenemos infinitas oportunidades para mostrar gracia en cada momento. Por mi parte, permaneceré pendiente de actos de gracia, para presenciar todas las posibles variantes del mismo. Que debe ser tan variable y hermoso como los humanos podemos ser. Ser testigo de un acto de gracia nos eleva a todos.
Y, por supuesto, practicaré la gracia todos los días. Muy probablemente teñido de humor y contratiempos. Pero bueno, todos tenemos nuestro estilo, incluso de gracia.
Estoy segura de que ya te habrás dado cuenta de que tienes mucha más gracia de lo que crees. No importa si no supiste qué decirle a tu amigo durante un momento triste, así que simplemente te sentaste con él y le hiciste compañía o si estabas usando tu camisa al revés cuando ayudaste a alguien con la compra. Estabas llena de gracia y eso nos elevó a todos.



